martes, 9 de octubre de 2007

De jueces y fotógrafos

Por Jaime Secco (*)

El niño, sentado sobre un balcón, sostuvo un cartel. Era el 20 de mayo de 1987. Hoy, creció y vio la oportunidad de sacarle dinero al medio que publicó la foto y a la fotógrafa. El juez le dio la razón en el primer juicio.

Reclamó por daño moral; alegó que entonces era menor y que la fotógrafa (o algún colaborador) fue quien le dio el cartelito.

Las preguntas son:
¿De qué daño habla?
¿Acaso está prohibido fotografiar menores?
¿Alguien cree que la fotógrafa hizo eso?

Comencemos por lo último. Los jueces penales manejan como criterio ''la forma en que suceden las cosas''. Si en el medio de la noche encuentra a un desconocido junto a su cama, el juez no creerá que entró a mirar la hora en el despertador. Así no suceden las cosas.

Ahora, ¿los jueces saben cómo trabajan los fotógrafos de prensa? En una manifestación se enfrentan a la posibilidad de numerosas perspectivas de la multitud y una miríada de caras pintadas, bocas gritando, pancartas ingeniosas, rostros arrugados, jóvenes a caballito, puños, pies marchando y mil otros detalles interesantes. Tiene que elegir cual es el que sintetiza lo que está pasando y hacer la toma con rapidez y limpieza técnica.

Lo que le faltan no son motivos, es tiempo. En 1987 tenía que correr a revelar. ¿Para qué iba a ponerse a zoncear, convenciendo a un niño desconocido de que se suba a un muro y ponerse a buscar una pancarta para que la sostenga, con alta probabilidad de que resulte una foto forzada? Sin contar con que los fotógrafos uruguayos no andan con auxiliares.
El caso recuerda a dos juicios laudados hace una década por tribunales, con pocas semanas de diferencia. Ambas sentencias resultaron sorpresivas:

a.- Una nota en la feria. Si hoy apareciera Mujica o Forlán, el fotógrafo lo tomaría. Quien apareció entonces fue una modelo. Aceptó posar, hizo algunas declaraciones y, aparentemente, todo terminado. Al tiempo, reclamó el pago. El tribunal entendió que si posar era su medio de vida, debía darse por sobreentendido que iba a cobrar.
b.- Un álbum de figuritas de jugadores. La Mutual reclamó pago por los derechos de la imagen de los deportistas. En esa oportunidad, el tribunal actuante opinó que no debía pagarse nada, porque las fotos habían sido tomadas en un lugar público: la cancha.

Nuestro niño del muro no vivía de posar y estaba en un lugar público por excelencia: la calle.

Un argumento central para la jueza es que el niño no era un ''mero accesorio del paisaje'' y que la imagen aislada no representa lo que estaba pasando. Pamplinas. La prueba es que el secretario de redacción eligió esa foto para publicar. Eso puede ser una opinión estética, y equivocada; nunca jurídica.
Queda entonces el hecho de que era menor. ¿Y qué?

La semana pasada un canal emitió tomas de niños siendo vacunados en el Pereira Rossell, para apoyar a una campaña del MSP. ¿Hay que esperar a que crezcan para que pasen a cobrar?

El Inau vela por que no se someta a los menores al escarnio público, de la misma manera que cada uno tiene derecho a velar por sí mismo. Pero eso no quiere decir que ningún menor pueda aparecer nunca en los medios; que todo un sector de la sociedad deba desaparecer de la comunicación ciudadana.

Queda la última: ¿Qué escarnio, qué daño moral puede haber sufrido?

De niño, ninguno, sin duda. Incluso si la fotógrafa le hubiera proporcionado el cartel. Y si de grande tiene ideas políticas que no tenía de niño, está en su derecho. Pero no podrá borrar el pasado. Ni debiera pretender que la fotógrafa pague por él.

Lo que se juega no es sólo la estabilidad financiera de un medio ni el de la fotógrafa, aunque los medios están todos endeudados y los fotógrafos ganan poco.

Se juega la salud de la comunicación ciudadana. Lo peor no es el fallo, sino la autocensura.


(*) Periodista. Uruguay.

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