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viernes, 13 de abril de 2007

EL MANIFESTANTE, LOS FOTÓGRAFOS, LA POLICÍA Y LOS MEDIOS.

Comunicado de los fotógrafos de prensa reunidos en la Asociación de la Prensa Uruguaya.

1) Los hechos ocurridos el pasado 9 de marzo en una de las marchas convocadas en rechazo a la visita del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, volvieron a plantear públicamente la cuestión del papel de los fotógrafos y camarógrafos de prensa, y del uso de las imágenes que dichos periodistas producen.

El primer pronunciamiento ocurrió en la calle, el mismo día de la marcha, cuando los fotógrafos fueron reiteradamente insultados y, uno de ellos, agredido por un sector de los manifestantes.

La amenaza a los fotógrafos continuó varios días después de la marcha, cuando personas no identificadas llamaron por teléfono primero, y fueron a buscar a su lugar de trabajo, después, a uno de los tantos fotógrafos que trabajaron ese día.

En los días que siguieron al viernes 9, la Ministra del Interior, Daisy Tourné, dijo públicamente que solicitaría las imágenes de prensa con el propósito de identificar a quienes habían protagonizado actos de violencia.

El jueves 29 de marzo, un joven de 25 años que habría sido identificado por medio de imágenes fue procesado por sedición, delito que se castiga con una pena mínima de dos años de cárcel. En esa ocasión, un representante de una de las organizaciones que convocaron la marcha, declaró: “no acompañamos la posible agresión que se haya dado a los periodistas porque entendemos que son trabajadores, más allá de lo que pensemos sobre el medio de prensa para el cual trabajan. Nos tenemos que estar cuidando porque sus imágenes y fotografías son inmediatamente pasadas a la Dirección Nacional de Inteligencia".

El 30 de marzo, los diarios informaron acerca de la detención y procesamiento del manifestante. El País escribió, en tapa, en nota a cinco columnas y bajo título "Manifestante Anti Bush Va a la Cárcel por Sedición”: "Las imágenes proporcionadas a la Justicia por los medios de comunicación permitieron identificar a este joven..." En nota interior se especifica que los canales de televisión proporcionaron videos, y los diarios, fotografías.

2) No descartamos, pero tampoco nos consta, que la identificación se haya basado en imágenes de prensa cedidas por algún medio, además de las tomadas por Inteligencia.
No obstante, independientemente de que esto haya ocurrido o no, los hechos muestran que desde el gobierno, desde los propios medios y desde sectores de los manifestantes, se entiende, casi como un sentido común, que las imágenes de prensa, las publicadas y las no publicadas, están a disposición de la Policía.
Esta grave confusión respecto al papel de los fotoperiodistas nos obliga a precisar públicamente los fines de nuestro trabajo.

3) El viernes 9 de marzo fotografiamos los destrozos en los McDonald`s, el local Pare de Sufrir y la Óptica 18. También fotografiamos las detenciones y los golpes de la policía cuando, después de las diez de la noche, barrió 18 de julio entre Río Negro y El Gaucho. También en esta ocasión hubo un fotógrafo agredido, esta vez por un efectivo policial.
Por encima de todo, fotografiamos la jornada en su conjunto y en su diversidad. Entre todos, dejamos un documento visual de lo que mucha gente pensó, sintió e hizo el día que Bush vino al Uruguay invitado por el gobierno del Frente Amplio, a comienzos de marzo de 2007.

Documentar los hechos e informarlos es el valor insustituible de nuestro trabajo. Informar con imágenes no es un privilegio de los fotoperiodistas, es un derecho de la sociedad. Cualquier acción que desde el Estado o la sociedad civil, directa o indirectamente, comprometa el trabajo de la prensa gráfica, compromete el derecho de todos a la libre información.
Es obvio que si un fotoperiodista puede ser, según lo que ocurra, un proveedor de imágenes para la policía, entonces en el futuro serán muchas las cosas que no podremos registrar.

-Al Ministerio del Interior, le decimos: los fotógrafos de prensa no trabajamos para la Policía. Nuestra función es informar acerca de los hechos. Cuando la Ministra declara públicamente que solicitará imágenes a la prensa con el fin de identificar personas confunde los roles y, como consecuencia, compromete el trabajo de los fotoperiodistas, que es de interés público. Ni los periodistas ni los medios somos, en un sistema democrático, auxiliares o agentes de la Justicia, la Policía o cualquier otra agencia gubernamental.

- A los propietarios y directores de los medios, les decimos: los contratos expresos o implícitos que tenemos con los medios autorizan el uso de las imágenes que producimos sólo con fines periodísticos. Cualquier uso de las fotografías para otro fin viola dichos contratos y viola el derecho moral de los autores sobre sus imágenes. Es un principio ético básico de la prensa que nadie, y menos el Estado, puede conocer lo que por diferentes motivos se decidió no publicar. En virtud de esto y de las normas sobre derechos de autor vigentes, reclamamos a los medios que preceptivamente recaben la autorización de los fotógrafos o camarógrafos involucrados antes de ceder material de archivo a cualquier organismo privado o estatal. Y en caso de no tener la autorización de los autores, se abstengan de entregarlo.

- A los manifestantes, les decimos: nadie tiene el privilegio de coartar el derecho a la información. Las amenazas y persecución a los fotógrafos son, lisa y llanamente, amenazas a la libertad de información de todos. Quienes no deseen ser fotografiados no deberían participar a cara descubierta en actos públicos que se convocan en espacios públicos.

Fotógrafos de prensa
Asociación de la Prensa Uruguaya
13.04.2007

miércoles, 28 de marzo de 2007

La respuesta que no dimos


Pie de foto: Marcha convocada en repudio a la visita de George W. Bush a Uruguay. Av. 18 de julio, Montevideo, 9 de marzo de 2007. / Foto: Ricardo Antúnez.

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Como algunos de ustedes saben, la creación de este blog estuvo precedida por un intercambio de charlas y mails referidos al papel y la suerte de los fotógrafos en una de las marchas que, el 9 de marzo, repudiaron la visita del presidente de los EEUU a Uruguay.

Entre otras cosas, hablamos allí acerca de la respuesta que no dimos a la declaración pública de la Ministra del Interior, Daisy Tourné, respecto a que solicitaría imágenes de prensa a los medios con el fin de identificar a los manifestantes violentos.

Los periodistas y, en particular, los directamente señalados por las palabras de la Ministra, es decir, los fotógrafos y camarógrafos, debimos haber respondido inmediatamente que el papel de la prensa es informar a la sociedad acerca de los hechos, no proporcionar imágenes a la policía. Además, deberíamos haber tomado la decisión colectiva de no ceder el material que habíamos producido. (Desconozco si alguien entregó imágenes y espero que no haya ocurrido.)

Esa noche fotografiamos los destrozos en los McDonalds, la "iglesia" Pare de Sufrir y la óptica. También fotografiamos las detenciones y los golpes de la policía cuando, después de las diez de la noche, barrió 18 de julio entre Río Negro y Barrios Amorín. Y también, y por encima de todo, fotografiamos el hecho en su conjunto y en su diversidad. Entre todos, dejamos un documento de lo que la gente pensó, sintió e hizo el día que Bush vino al Uruguay invitado por el gobierno del Frente Amplio, a comienzos de marzo de 2007. Ese es el valor insustituible de nuestro trabajo.

Las expresiones de la Ministra comprometen la seguridad de los fotógrafos y perjudican su trabajo. Es decir, se convierten en un obstáculo para la producción de información. Si un fotógrafo puede ser, según lo que ocurra, un policía, entonces serán muchas las situaciones que no podremos testimoniar, no sólo la de las protestas "radicales".

Los usos represivos de la fotografía se pagan, después, en la calle. Y se pagan, también, en términos de dificultades para informar.

Mi impresión es que si no respondimos inmediatamente fue porque no tenemos una organización, de algún tipo, que nos represente. Vale decir, no tenemos voz. Tenemos voces, la de cada uno, pero en el juego de los actores sociales, no tenemos voz. Por eso, y no porque no estemos de acuerdo, es que no respondimos.

Estamos a tiempo de aclarar públicamente cuál es nuestro lugar.
¿Estamos?