martes, 20 de enero de 2009
lunes, 19 de enero de 2009
"Impulso y Transformaciones", El País Cultural, y comentarios de Rodolfo Fuentes
Artículo en El País Cultural:
Impulso y transformaciones
Moriana Peyrou
LOS ÚLTIMOS veinte años han implicado un salto en la fotografía uruguaya. El surgimiento de autores con una impronta personal, el creciente interés de la sociedad en consumir y producir imágenes, la revolución digital y la creación del Centro Municipal de Fotografía, permitieron a "la hermana menor de las artes visuales", hacerse visible en la cultura nacional.
A mediados de los 80 una camada de jóvenes fotógrafos regresaba al país luego del exilio: Jorge Ameal, Oscar Bonilla, Juan A. Urruzola, Daniel Caselli, Carlos Sanz, Annabella Balduvino. Volvían de Europa, de países con escuelas y universidades con una fuerte tradición en formación artística y fotográfica. Allí estudiaron, aprendieron nuevas técnicas y bucearon en el lenguaje de la imagen. Comenzaron a mirar diferente; a buscar dentro de sí mismos para luego fotografiar la realidad. Así, a miles de kilómetros de distancia, nacía la fotografía de autor en Uruguay.
Mientras tanto aparecían las cámaras enteramente digitales. El antecedente directo de esto fue el Photoshop, un software revolucionario en la edición de imágenes, creado por la empresa Adobe.
Enfoque de autor. Como sucedió con otras ramas del arte en la década del `70 y principios de los `80, la fotografía en Uruguay cumplió en gran medida un rol documental, y su desarrollo estuvo ligado al fotoperiodismo. Aún permanecía influenciada por la posición "pictoralista", una postura "aberrante" que "pega más la fotografía a la pintura y la hace seguir siendo la hija boba", dice el fotógrafo y docente Roberto Schettini. La fotografía de autor antes de los 80 era "casi inexistente" en Uruguay. "En estos 20 años se ha dado un fenómeno que también ha sido latinoamericano y es que profesionales han adquirido una forma expresiva y comunicativa importante, sin vivir exclusivamente de ella. Eso ha permitido que se trabaje un poco más libremente y que no se esté atado al sustento". La fotografía de autor tomó caminos diversos. "Tenemos por un lado fotógrafos conceptuales de buen nivel, autorretratistas muy buenos, gente que ha trabajado mucho sobre su persona. Luego algunos profesionales de ensayo, que son los menos, pero en mi opinión los que han hecho el trabajo más interesante. Y una tercera corriente mucho más esteticista, más formalista, aunque con contenido", explica Schettini.
Para Magela Ferrero, "la fotografía de autor es la de una persona que tiene una forma de ver el mundo y la traduce en cualquier imagen que hace. Es el resultado de vivir una vida", reflexiona, rodeada de una inmensa obra que parece estar allí como testigo de sus palabras. Miles de fotitos, una al lado de la otra, componen una gigantesca "tira de prueba" de momentos de la vida de la fotógrafa. Es la obra "de alguien que está en contacto consigo mismo y hace fotografía no porque tiene que hacer fotos, sino porque no lo puede evitar", explica. "Digo esto y pienso por ejemplo en Álvaro Percovich, que tiene una obra muy sólida, muy compacta, en el sentido de cómo mira el mundo. La fotografía que hace es como una prolongación de su vida. Porque cuando ves sus trabajos, aunque sean distintos son siempre iguales, lo que para mí es positivo. Lo mismo pasa con Panta (Astiazarán). Vos le podés decir a alguien, `esto parece una foto del Panta`, y todos sabemos lo que quiere decir".
Percovich se inició como fotógrafo en 1986 y desde entonces integra el Fotoclub Uruguayo, una institución fundada en 1940, donde hoy es el coordinador general.
SEÑAS DE IDENTIDAD. A la hora de vislumbrar un rasgo identitario de la fotografía uruguaya, las opiniones son coincidentes: no existe. "No hay una característica porque no hay una escuela uruguaya. Hay muchas tendencias como el Fotoclub, los fotoperiodistas, los fotógrafos de estudio…Uno mira la fotografía brasileña y ve que hay una identidad", opina Panta Astiazarán. Entre las principales razones, Percovich señala la falta de espacios de intercambio entre los fotógrafos. "Creo que no sentimos una fotografía nacional no por la obra, sino porque los que no nos unimos somos los productores. El Fotoclub generalmente reúne a la gente en formación, en etapas primarias. Los autores formados no encuentran su espacio aquí".
Si bien en Uruguay este arte cuenta con una trayectoria de más de siglo y medio, no ha surgido en la educación formal una carrera específica de fotografía. "Llegar a hacer tres años de básico en la Escuela Municipal de Bellas Artes sin tocar una cámara, es absolutamente desestimulante para el fotógrafo. La Universidad no tiene un ámbito específico para la fotografía", concluye Schettini.
Tampoco la crítica se ha desarrollado. Astiazarán no duda en subrayar que "Acá el crítico tiene miedo de opinar. O cuando opina lo hace sólo sobre lo que conoce. Entonces, si es un crítico de artes plásticas, cuanto más se parezca la fotografía a lo que él conoce, más lo va a entender y va a poder opinar".
VORÁGINE DIGITAL. El surgimiento de la fotografía digital no modificó tanto a la propia disciplina, como a la forma en que las personas perciben y se relacionan con el mundo. En pocos años una catarata de imágenes pasó a inundar la vida de todos, provocando un desborde de nuestro sistema perceptivo visual.
Para Percovich, la tecnología digital "no ha cambiado tanto a la fotografía en el concepto de `toma`, sino en los insumos, agilidad y acercamiento a la gente". Astiazarán coincide: "no es más que el medio en el cual se traspone la imagen. El hecho de que sea digital o no, no cambia mucho la visión del autor. Yo copio digitalmente, pero todavía uso cámaras con negativos por una cantidad de razones. Cambia la técnica: sacás más, tenés mucho más material que tirar, es más difícil editar, aunque facilita mucho la visualización inmediata".
El cambio está en la masificación. Esto "ha traído una banalización de la fotografía. La gente piensa que hacer fotografía es muy fácil, porque se hace con el celular. Es como la birome", subraya Panta.
Ferrero hace "un ejercicio espiritual, consciente y constante" para estar en contacto con qué quiere y qué no quiere fotografiar. "En líneas generales -dice- creo que las personas simplemente sacan fotos. Pero más que sacar fotos, me parece que filman la realidad. No hay una gran selección ni para sacar, ni tampoco al momento de borrar las imágenes".
La pérdida de la película de negativo ha provocado un cambio mucho más profundo que el simple hecho de sacar y poner el rollo dentro de la cámara. "Antes tenías un número acotado de fotos, había que cuidarlas como oro y además tenías que revelar el rollo entero. O sea que uno se enfrentaba a sus errores todo el tiempo. Y eso no solo era útil para aprender de tus propios errores, sino también bueno como un acto de humildad ante lo difícil que es registrar la realidad. Lo inmediato, si bien tiene cosas que son una gran ventaja, incluido el hecho de poder ver lo que estás haciendo, conlleva pérdidas. Se gana tiempo y se pierde contemplación, y en esa medida, se pierde calidad en los resultados".
La masificación también provocó un aumento de los concursos fotográficos; según Schettini "ha cumplido por un lado la función de estimular, pero desde el punto de vista creativo ha sido nefasta".
A la vez, se han generado algunos, aunque todavía tímidos espacios, de difusión y comercialización de obras, y si bien son muy pocos los profesionales que han logrado vender fotografías, la mayoría señala que esto sucede cada vez con más frecuencia.
Pero quizás el hecho más destacable haya sido la creación en 2002 del Centro Municipal de Fotografía (CMDF). En opinión de Schettini "antes del Centro no había ningún ámbito específico para la fotografía. Hoy gracias al CMDF los fotógrafos podemos acceder a una sala de buen nivel. Además tenemos allí un archivo modelo. Se están rescatando las imágenes y eso indica que por lo menos empezamos a mirar para atrás".
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Respuesta de Rodolfo Fuentes:
Estimados:
Felicitaciones por los veinte años del Cultural.
Ahora...
El repaso del estado de la cultura, más allá de su interés, como todos los repasos siempre tiene la posiblidad de dejar afuera tanto como pone adentro, y esa es la disculpa habitual de los antólogos.
En el caso del artículo referido a la fotografía, la "periodista" inventa la fotografía de autor en Uruguay cuando vuelven una serie de señores de Europa, asi como entrevera este hecho fundacional con el advenimiento de la fotografía digital y el bendito Photoshop.
No es asi. La fotografía de autor existía y existe en Uruguay desde antes y más allá de ese hito tan señalado.
Uno de los peores errores que puede cometer un periodista o "aspirante a" es hacer su nota desde la ignorancia, la complacencia o confiando ciegamente en sus fuentes o entrevistados. La contrapartida, investigar. Dicho en criollo: si no sabe pregunte (pero no se quede con la primera respuesta)
De acuerdo a Moriana Peyrou, pareciera que fuera inexistente el trabajo de Alvaro Zinno, Fabian Oliver, Marcelo Isarrualde, Roberto Fernández, Mario Batista, Gustavo Castagnello, Diana Mines, y antes, Dina del Castillo, Hector Borgunder, René Petit, Daniel Laizerovitz; y aun antes, Daguerre y Testoni (todos fotógrafos "autores" que muy poco o nada deben a los mentados desexiliados).
Tambien los entrevistados Roberto Schettini, (junto su hermano Mario y todo el grupo 936) asi como Panta, ya tenían cuando se bajaron del avión los "adelantados", un lenguaje y una experiencia riquísima como autores fotográficos.
Es un fenómeno por lo menos interesante el que se da en esta decadente post-post modernidad: las cosas nacen espontáneamente, en feraces repollos, sin padres, madres o tutores, ni siquiera con fecundación in-vitro.
Al igual que muchos creen que el rock uruguayo lo inventaron los Estómagos o los Traidores, parece haber periodistas (y fotógrafos) que creen que la fotografía uruguaya nació cuando ellos comenzaron a practicarla y que solamente se es fotógrafo con la bendición del Fotoclub.
Lo siento, el mundo es mucho más ancho, más lleno de gente haciendo cosas y desde hace mucho tiempo. Tal vez cuando comencemos a preocuparnos por saber que hicieron TODOS los que soñaron antes que nosotros, empecemos a construír una cultura realmente más sólida.
Saludos
Rodolfo Fuentes
ps: En la nota de Guillermo Pellegrino sobre la música popular uruguaya, se comente el error de no mencionar el trabajo de hormiga que -justamente- durante veinte años ha realizado Angel Atienza y su sello Perro Andaluz ( y este es, de verdad, sin fines de lucro).
domingo, 11 de enero de 2009
Las mejores fotos del año de la Unión de Reporteros Gráficos de Chile
Me voy a Salta por unos días, chau chau!
jueves, 8 de enero de 2009
Palestina

Pocos pueblos, naciones o comunidades religiosas del mundo han sufrido tanto como los judíos. Antes de Cristo, fueron desalojados de su tierra en dos ocasiones, para regresar cuando las circunstancias les fueron propicias. En la era cristiana inauguraron la más prolongada de las diásporas tras la destrucción del segundo templo de Jerusalén, en el año 70. Dispersos, vagaron por el mundo. Si lograban asentarse (como en la Edad Media en la península Ibérica, donde pudieron convivir en armonía cristianos, musulmanes y judíos), era sólo para esperar una nueva expulsión. Padecieron matanzas y expoliación, se los confinó en guetos, se les prohibió ejercer sus oficios tradicionales. El Holocausto nazi pareció resumir, en unos pocos años y en versión hiperbólica, dos milenios de salvajismo.
Con esos antecedentes, sorprende que el moderno Estado judío, el joven Israel de 60 años, cometa tropelías similares contra otros seres humanos, siempre con la excusa de la defensa propia. La construcción de un muro alrededor de Cisjordania y el cierre de Gaza se parecen demasiado a la reclusión de judíos en los guetos europeos. La guerra contra el partido libanés Hezbolá en 2006 y la actual contra el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) en Gaza se parecen demasiado a los pogromos de la Rusia zarista, esos malones de jinetes que arrasaban e incendiaban poblados judíos inermes.
El principio de legítima defensa como eximente de un delito tiene como pilar la proporcionalidad de la respuesta ante el ataque que la origina. La legitimidad no existe, por ejemplo, si a quien agrede con un palo le vacían un cargador de Kalashnikov en la cabeza.
En el caso de la actual Operación Plomo Fundido, lanzada por Israel contra Hamas, la desproporción de la represalia queda en evidencia con el balance de bajas. Los muertos israelíes por los cohetes artesanales disparados desde Gaza han sido cuatro, tres civiles y un militar, en seis días. En el mismo lapso, murieron 400 palestinos por el bombardeo israelí. La ONU calculó que la cuarta parte de los muertos en Gaza eran civiles. Suponiendo que esas cifras sean ciertas, una proporción de un muerto civil a 33 no puede considerarse una operación militar. Se trata, más bien, de una masacre. Y ayer, para cazar a un dirigente islamista, Israel mató junto con él a sus ocho hijos y a su esposa.
Los esporádicos disparos de cohetes palestinos hacia poblaciones israelíes, por supuesto condenables, no justifican el bombardeo con armas de avanzada contra el millón y medio de personas apiñadas en los 360 kilómetros cuadrados de la franja de Gaza, una de las áreas de mayor densidad demográfica del mundo.
Desde junio de 2007, Hamas tomó por las armas el control de esa región. Gran parte de la comunidad internacional (léase Estados Unidos y la Unión Europea) interpretó el acto como un golpe de Estado, sin tomar en cuenta que ese partido había ganado las elecciones de enero de 2006 sin que se le permitiera hacerse cargo de la Autoridad Nacional Palestina, dominada por su adversario, el secular movimiento Fatah. Las fuerzas israelíes mantienen cerrado a cal y canto el territorio de Gaza, cuya economía está paralizada, al igual que el acceso a ayuda humanitaria desde el exterior. La población civil es la que sufre las consecuencias. Hamas no: su popularidad aumenta con cada embate, y también la cantidad de jóvenes dispuestos a tomar las armas.
En 60 años, gran parte de los israelíes y las instituciones más visibles de la diáspora parecen haber perdido la sensibilidad ante agresiones como las que sus ancestros sufrieron durante siglos. Han intentado desacreditar toda crítica por “antisemita”. Para eso inventaron una conspiración de gobiernos, políticos y medios de prensa que nada tiene que envidiar a los infames Protocolos de los Sabios de Sión. Pero no se pueden ocultar con palabras las imágenes de barrios demolidos y de niños y niñas en el descenso a la tumba.
El gobierno uruguayo manifestó su “pesar y preocupación” ante la “escalada de violencia” que ha “provocado innumerables víctimas, en particular en la población civil”. Las culpas de los dos bandos en pugna, Israel y Hamas, parecen tener igual peso en el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores. Si Uruguay fuera un buen amigo del Estado judío, como asegura serlo, podría ir un paso más allá y señalarle sus errores.
El Secretariado del Frente Amplio fue en esa dirección: declaró “su más enérgico rechazo” a “los ataques perpetrados por el ejército israelí”. Es cierto que las responsabilidades del partido y el gobierno son diferentes, pero una voz respetable en el concierto internacional podría decirle aunque sea una vez a Israel, con aprecio y sin temor, que se equivoca.
Marcelo Jelen
miércoles, 7 de enero de 2009
Un argentino... ¡un hermano!
¿Por qué SADAFO , por qué desde adentro, desde la fotografía?
Porque somos nosotros, los fotógrafos, quienes sufrimos una afrenta a nuestra identidad cuando se publica una fotografía sin la correspondiente autoría.
Porque somos nosotros los que sufrimos las consecuencias cuando, pasados 20 años, otros usufructúan de nuestras imágenes sin haber abonado el canon correspondiente.
Porque somos los actuales historiadores e investigadores de la fotografía los que lamentamos no encontrar la autoría de muchas de las imágenes que hallamos en los archivos, y no queremos que esto siga sucediendo en el futuro.
Porque somos nosotros, los fotógrafos, al tener un profundo conocimiento de los numerosos problemas y de las variadísimas situaciones en que aparecen, los que podremos aportar las soluciones más justas.
Porque al desplegarse la fotografía en distintas actividades, su accionar no puede ser comparado con el de otros autores visuales. Justamente, por esta razón, trabajamos mancomunadamente con FOP, AFPRA y ARGRA. A causa de esta especificidad, nuestra posición en el medio nos permite entablar exhaustivas reflexiones y elaborar las modificaciones necesarias a las leyes existentes.
Porque disponemos de una página, www.sadafo.com.ar, especialmente diseñada para que encuentres las primeras respuestas a tus inquietudes sobre tus derechos como autor y el alcance de la legislación actual. A partir de su lectura, comprenderás los beneficios que implica estar respaldado por una asociación creada por los propios interesados en proteger su obra.
Porque somos una sociedad compuesta por fotógrafos que trabajamos ad-honorem y aportamos la cuota correspondiente con la profunda convicción de que estamos luchando por un futuro más justo para todos.
Por todo esto, te invitamos a formalizar tu adhesión convirtiéndote en un socio activo. Para ello, solicitamos que abones la cuota societaria anual de $ 100.- en el Estudio Sanguinetti, de
Banco Nación
Sucursal 0010
Caja de ahorros en pesos # 0010388716
a nombre de Virginia Del Giudice ( Tesorera )
El dinero recaudado permitirá realizar una activa campaña de difusión que redundará en el crecimiento de SADAFO y la defensa de nuestros derechos de autor.
Asimismo, te pedimos ingresar a www.sadafo.com.ar/web/inscripcion.php y dejar consignados tus datos.
Un cordial saludo,
Eduardo Garaglia
Miembro de Comisión Directiva de
viernes, 2 de enero de 2009
La Hilera, Tacuarembó











